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Una historia para cada día...

Corazon Eucaristico de Jesus

Humildad y piedad de algunos reyes.

Santa Isabel de Hungría tenía el mayor deseo de oír misa, pero cuando asistía se quitaba la corona, se despojaba de los anillos de sus dedos y se despojaba de todos los ornamentos, se ponía de pie en presencia de los altares, cubierta con un velo, y en una actitud tan modesta que nunca se la veía volver los ojos a la derecha o a la izquierda. Esta sencillez y modestia agradó tanto a Dios que quiso mostrar Su satisfacción con ella mediante un signo llamativo. Durante la misa misma, la Santa se vio rodeada de una luz tan radiante que los ojos de los presentes quedaron deslumbrados y la tomaron por un ángel bajado del cielo. Aprovecha tan bello ejemplo, y si lo haces, ten por seguro que te harás agradable a Dios y a los hombres, y que tus sacrificios te reportarán inmensos beneficios en esta vida y en la otra.

El gran Constantino no se contentaba con oír misa todos los días en su palacio; incluso cuando marchaba a la cabeza de sus ejércitos y en medio de los campamentos, le seguía un altar portátil, y nunca dejaba de hacer celebrar los santos misterios. Fue su piedad la que le valió las notables victorias que obtuvo sobre sus enemigos. – Lothar, emperador de Alemania, observaba constantemente la misma práctica: en la guerra y en la paz, quería escuchar hasta tres misas diarias. – El piadoso rey de Inglaterra, Enrique III, también escuchaba tres misas diarias, para gran edificación de toda su corte. Su devoción fue recompensada por Dios, incluso temporalmente, con un reinado de cincuenta y seis años.

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