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La Sagrada Familia en oración

Debemos esperar contra toda esperanza

A San Vicente de Paúl le gustaba poner a menudo, como ejemplo de confianza perfecta, el de Abraham: ¿Recuerdan a ese gran patriarca al que Dios había prometido poblar toda la tierra con un hijo que le había dado? Y, sin embargo, le ordenó que le sacrificara. Alguien podría haber dicho: «Si Abraham mata a su hijo, ¿cómo va a cumplir Dios Su promesa?» Sin embargo, este hombre santo, que había acostumbrado su espíritu a someterse a todas las voluntades de Dios, estaba dispuesto a cumplir este mandato sin preocuparse del resto. Toca a Dios pensarlo, podría decir; si yo cumplo Su mandato, Él cumplirá Su promesa. – ¿Pero cómo? – No lo sé; basta con que sea el Todopoderoso, voy a ofrecerle lo que más quiero en el mundo, ya que Él lo quiere. – ¿Pero es mi único hijo? – No importa. – Pero, al quitarle la vida a este niño, le quitaré los medios para que Dios cumpla Su palabra? – Todo es uno; Él lo desea, debe hacerse. – Pero si lo mantengo, mi linaje será bendecido, Dios lo dijo. – Sí, pero también dijo que lo matara, me lo ha manifestado; obedeceré, pase lo que pase, y esperaré en Sus promesas. – Mira qué confianza tiene: no se preocupa por lo que pueda pasar. Sin embargo, el asunto le tocaba de muy cerca; aún así, espera que todo salga bien, porque Dios está involucrado. ¿Por qué no hemos de tener la misma esperanza, si dejamos a Dios el cuidado de todo lo que nos concierne, y preferimos lo que Él nos manda?

Oh, Dios mío, pidamos a Su divina bondad una gran confianza en el acontecimiento de todo lo que nos concierne. Si Le somos fieles, nada nos fallará; Él mismo vivirá en nosotros, nos guiará; defenderá y amará; lo que digamos y lo que hagamos, todo le será agradable.

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