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Nuestra Senora de La Salette

Un acto de consagración a María escrito con la sangre de un mártir.

En marzo de 1851, un sacerdote francés, el padre Matha, misionero en China, acababa de administrar los sacramentos a una mujer moribunda, cuando cayó en manos de una tropa de idólatras, que lo agarraron, lo arrastraron al interior de una pagoda, lo desnudaron y, después de haberlo atado a uno de los postes del edificio, hicieron que un torturador le infligiera hasta cien golpes de vara. Cubierto de heridas, después de esta horrible tortura, al misionero sólo le quedaba un soplo de vida, cuando algunos cristianos consiguieron, a precio de dinero, desatarlo y llevárselo. Cuando sus cuidados lo revivieron un poco, el mártir, sintiendo sus heridas aún húmedas, mojó su pluma en ellas y dibujó, con su sangre, un último acto de consagración a la Santísima Virgen. Tiempo después, murió y dejó a Monseñor Guillemin, Vicario Apostólico de Cantón, el precioso papel, muestra de su heroico amor a María.

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