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Una historia para cada día...

Nuestra Señora del Purgatorio

Nuestro deber con las almas que nos preceden en la Eternidad

Santa Mónica, estando en su lecho de muerte, dijo a San Agustín: «Hijo mío, pronto no tendrás madre; cuando yo ya no esté, reza por mi alma, no olvides a la que tanto te amó; sobre todo, piensa en mí cuando subas al altar a ofrecer el Sacrificio de la nueva alianza.» San Agustín no olvidó las palabras de su madre; lloró amargamente su muerte. «Dios de la misericordia, gritó en su dolor, perdona a mi madre las faltas que ha cometido; no entres en juicio con ella; aparta Tus ojos de sus infidelidades. Recuerda que cuando estaba cerca de su fin, no pensó en su cuerpo ni en los últimos deberes que debían cumplirse por ella; lo único que pedía era que fuera mencionada en Tus altares para borrar los restos de los pecados que no pudo expiar durante su vida.»

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