Busqueda
Generic filters

Si no encuentra lo que busca,
puede enviar un correo electrónico:
apotres@magnificat.ca

Magníficat!

¡Para la preservación del Depósito de la Fe!
¡Para que venga el Reino de Dios!

Una historia para cada día...

Niño Jesús, ¡Te amo con todo mi corazón!

San Huberto descubre la razón de su existencia.

San Huberto, hijo de un duque de Aquitania (que murió en 727 como obispo de Maëstricht), había sido un apasionado de la caza en su juventud. Pasó casi todo su tiempo cazando y se olvidó por completo de Dios. Un día, en una gran fiesta, fue a cazar a las Ardenas en lugar de ir a la iglesia, y de repente vio ante él un ciervo con una imagen luminosa del Crucificado en la frente. Al mismo tiempo, una voz le gritó: «Hubert, ¿hasta cuándo seguirás persiguiendo el juego y empleando tan mal tu tiempo? ¿Cuándo te convencerás por fin de que has sido creado sólo para conocer y amar a Dios? Estas palabras y la misteriosa aparición causaron una profunda impresión en Huberto; inmediatamente resolvió cambiar su vida, acudió a San Lamberto, obispo de Maëstricht, para pedirle ayuda y consejo a fin de entrar en los caminos de una vida verdaderamente cristiana. Más tarde, Hubert se hizo sacerdote y sus virtudes le llevaron a ser elegido sucesor de San Lamberto.

Los tres reinos de la naturaleza.

Una vez le preguntaron a un niño a qué reino pertenecía el hombre: ¿Al reino mineral, vegetal o animal? El niño piadoso respondió sin dudar: ¡Por el reino de Dios!

Que cada uno de nosotros se pregunte cada día por qué está en este mundo.

Otras historias...