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¡Para la preservación del Depósito de la Fe!
¡Para que venga el Reino de Dios!

Una historia para cada día...

Niño Jesús, ¡Te amo con todo mi corazón!

Una novia con carácter.

Una chica rica estaba comprometida con un funcionario. En la víspera de la boda, se invitó a algunos parientes y amigos, y la conversación fue muy animada. De repente, el novio empezó a burlarse de la religión y sus ceremonias. La chica se sintió conmovida y le pidió gentilmente que dejara sus burlas, a lo que el novio le respondió que era un hombre de progreso y que había pasado al orden del día en estos asuntos. La muchacha se asustó, pero no perdió la calma y dijo: «Un hombre que no estima a Dios y a la religión tampoco puede respetar a su mujer: por eso no te quiero más.» Todas las instancias, incluso las de sus padres, no lograron sacudirla; mantuvo su resolución y, por la firmeza de su carácter, se ganó la estima de todo el pueblo. No hace falta decir que no se arrepiente de ello.

El librepensador y el campesino creyente.

Un librepensador que estaba de vacaciones en el campo vio un día a un campesino que salía de la iglesia. No entiendo –dijo– por qué le dais tanta importancia a la religión, en estos días en que toda la gente inteligente se aleja de ella. – No sé, señor –respondió el campesino con una sonrisa irónica–, cómo voy a entender sus palabras. Pero hay una cosa que creo que debo decirte, y es que todos los que tienen mala moral, y que a menudo merecen la soga, se alejan de la religión y se vuelven anticlericales. Esta es una razón más para que practique mi religión para que no me miren como perteneciente a esta bonita sociedad.» El librepensador, que pensó que estaba tratando con un ingenuo, se fue sin decir nada.

El campesino había respondido bien, pues en cuanto un hombre empieza a entrar en un mal camino, el Decálogo y la Religión son una carga para él porque son una protesta continua contra su conducta. Por lo tanto, es una mala señal cuando se empieza a burlar o combatir a la Iglesia.

La incredulidad generalmente tiene su origen en la corrupción de la moral.

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