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Una historia para cada día...

Niño Jesús, ¡Te amo con todo mi corazón!

El obispo arriano en apuros.

El arrianismo se había afianzado de forma extraordinaria en el norte de África, y el obispo arriano de Cartago, Cirilo, quiso ayudarlo aún más haciendo creer al pueblo que corroboraría esta doctrina con milagros. Llevó a un hombre a la ciudad y le dio 50 monedas de oro con la condición de que fingiera ser ciego y que, al cabo de unos días, pidiera al obispo del foro que le devolviera la vista. Así se hizo, y el obispo, tras convocar a todo el pueblo, exclamó: «Para demostrar que los arrianos tenemos la verdadera doctrina, devuelvo la vista a este ciego, en nombre de Dios.» Pero ¡qué decepción! Este hombre había perdido efectivamente la vista: empezó a gemir espantosamente, y contó el engaño del obispo, que por supuesto había desaparecido enseguida. El ciego se curó más tarde gracias a las oraciones y a la imposición de manos de San Eugenio, el fiel obispo de Cartago. Esto ocurrió en tiempos del rey arriano Trasimundo, sucesor del cruel Hunerico.

Dios no permite que se realicen milagros como testimonio del error.

Las mesas giratorias.

Los espiritistas, o los llamados espiritistas, afirman poder comunicarse con los espíritus en sus reuniones. Estos son engaños del diablo. Satanás, que ha jurado la perdición del hombre desde su derrota en el paraíso terrenal, realiza maravillas mentirosas para perjudicar a los hombres. Un buen cristiano nunca debe consultar a los adivinos, y mucho menos recurrir a la brujería para obtener ventajas terrenales o perjudicar a otros, pues esto conduce infaliblemente a la pérdida eterna.

Hay falsos milagros que sólo son ilusiones o engaños.

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