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¡Para que venga el Reino de Dios!

Una historia para cada día...

Niño Jesús, ¡Te amo con todo mi corazón!

Misioneros en los trópicos.

Si ponemos nuestra fe en el testimonio de los hombres honestos, tanto más debemos creer en Dios.

En siglos pasados, cuando la mayoría de los hombres sólo conocían su propia parte del país, un misionero europeo dijo una vez a los habitantes de un país ecuatorial que en su país el agua se hacía lo suficientemente fuerte en invierno como para transportar un elefante. A sus oyentes, que nunca habían visto otra cosa que agua líquida o hirviendo, les resultaba muy difícil admitirlo: pero, como estimaban al misionero como un hombre honesto, creyeron en la verdad del hecho que les había contado.

El testimonio de Dios sigue siendo más importante que el testimonio de un hombre.

Pitágoras y sus discípulos.

El filósofo griego Pitágoras era tan apreciado por sus seguidores por su sabiduría y carácter que creían en todo lo que enseñaba. Cuando uno de sus discípulos discutía una opinión, bastaba con decirle: «El maestro lo ha dicho», y nadie ponía en duda la veracidad de la afirmación.

Cuánto más debemos creer en el Hijo de Dios que no puede engañar ni caer en el error.

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