El amor de Dios por nosotros es esencialmente un amor gratuito, un amor misericordioso, un amor infinito e incondicional. ¡Él tiene más felicidad en amarnos que nosotros en ser amados por Él!…

Oh Jesús, ámame bien siempre… ¡Ámame a pesar de mi miseria, mi debilidad, mi inconstancia! Si me amas, no es tanto para recibir de mí como para tener el placer de darme. Y amas más a medida que encuentras más para dar. Ahora, mi indigencia es un abismo que se ofrece a tus magníficas y gratuitas liberalidades: ¡llénalo de ti mismo! Satisface en mí tu hambre y tu sed de bondad… Y yo, oh Jesús, me beneficiaré de tus dones con una alegría tanto mayor cuanto mejor sepa cómo te sientes al amarme de esta manera y al ofrecerme los dones de tu exquisita y paternal bondad.
(Hna Juan Bautista, fcsp)

Jesús mío, perdón y misericordia: por los méritos de Vuestras Santas Llagas y los sufrimientos de Vuestra Santísima Madre.