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Magnificat!

¡Para la preservación del Depósito de la Fe!
¡Para que venga el Reino de Dios!

Llamamiento urgente de Gregorio XVIII
NOTA: Dada la situación actual, no es posible para la mayoría de la gente «pasar mucho tiempo antes de Jesús Hostia». Pero todos pueden ir en espíritu al tabernáculo y, desde su casa, adorar a Jesús en el Santísimo Sacramento con fe, amor y humildad, uniéndose a las Misas celebradas en todo el mundo.

Cada vez más, las iglesias se cierran y los servicios religiosos se cancelan en todo el mundo católico. No más Santa Misa, Santa Comunión, sacramentos, confesión…
Me dirijo a vosotros, queridos hermanos y hermanas, a todos los cristianos del mundo, Os pido que aumentéis el tiempo asignado ante el Santísimo Sacramento. Todos los que puedan, pasen más tiempo ante Jesús. Los invito a una humilde oración. Que cada uno se presente ante Jesús en el Santísimo Sacramento, golpeándose el pecho, pidiendo perdón para sí mismo y para la Iglesia. Pidan perdón y adoren a Jesús que vive entre nosotros para socorrernos. En el momento en que la humanidad más Lo necesita, Lo dejamos de lado.
Compensad, rogad por sus hermanos y hermanas en la tierra. Que su oración sea humilde. Vengan ante Jesús y diganse a si mismos, «Es mi culpa que haya tanta miseria en la tierra.» No es culpa de los demás. Golpéese el pecho. Somos realmente culpables. Digamos esta humilde oración ante Dios… Si realmente servimos al buen Señor, habrá más gracia en la tierra.
Dios nos habla a través de estos eventos. A los sacerdotes ya no se les permite prestar servicios a los fieles. Por nuestra parte, recemos, compensemos golpeando nuestros pechos. Humillémosnos, demos amor, demos a Dios el servicio de adoración que Le corresponde. No nos comparemos, no digamos: «No somos como el resto de los hombres». Jesús dice que con esta «oración», el fariseo salió del templo condenado. Que nuestra oración sea la del publicano. (Evangelio en Lucas 18:9-14)
Que todos los que puedan, recen ante el Santísimo Sacramento. Que cada uno de nosotros acuda a todos los sacramentos con mucha más fe y humildad que habrán hecho hasta ahora. Sobre todo, que los sacerdotes celebren más misas, misas fervientes para compensar por las misas que no se dicen.
Os invito a rezar con amor, fidelidad, fe. Ni en sus palabras, ni siquiera en su mente o en su corazón, no haga comentarios, no haga comparaciones. Todos ustedes de esta comunidad rezarán con humildad para atraer el favor de Dios.
«¡Perdónanos, perdónanos, Dios mío! ¡Perdón y misericordia! Te lo pedimos para nosotros y para nuestros hermanos en la tierra. Conviértenos y convierte a nuestros hermanos en la tierra. Oh Dios mío, habla a los corazones de Tus hijos…»
Denle mucho tiempo a la adoración, tanto tiempo como sea posible.
Que San José, patrono de la Santa Iglesia, venga en ayuda de sus hijos de la tierra.