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Magníficat!

¡Para la preservación del Depósito de la Fe!
¡Para que venga el Reino de Dios!

¡Oh Jesús! Cabeza Invisible de la Santa Iglesia, conserva y conduce a aquel que le has dado como Cabeza visible en la tierra, y llénalo con la plenitud de Tu Espíritu, para que pueda guiar sabiamente la agitada barca de Pedro a través de los arrecifes que le rodean por todos lados. Cumple los deseos de su corazón, y que la gracia poderosa ayude a todas las intenciones de su fe. Que esta fe, firme e inquebrantable en Tus promesas divinas, aligere para él la carga de tantas solicitudes, y suavice la amargura con la que le riega la ingratitud de muchos de sus hijos. Que la verdad, oh Dios mío, de la que la Iglesia es depositaria y que no puede perecer, disipe finalmente todos los errores; que ilumine la conciencia de los reyes y de los pueblos, para que, según Tu palabra, «haya un solo rebaño y un solo pastor».
Oh Tú, oh María, Virgen Inmaculada, Madre y Soberana de la Iglesia, concede al venerable Pontífice que la gobierna en estos tiempos difíciles, los más preciados favores y, como recompensa a su ardiente celo por difundir Tu culto y multiplicar los tributos que Te tributan en todo el mundo, obtén de Tu divino Hijo la gracia más querida de su corazón: la santificación de las almas fieles y el regreso de las ovejas perdidas. Amén.

Jesús mío, perdón y misericordia: por los méritos de Vuestras Santas Llagas y los sufrimientos de Vuestra Santísima Madre.