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Liturgia para los domingos y las fiestas principales

Parábola de Jesús: El perdón de las ofensas
Quinto Domingo después Pentecostes – El perdón de las ofensas

Reflexión sobre la liturgia del día – de L’Année Liturgique, de Dom Prosper Guéranger

Introito

Escucha, Señor, mi voz, con la que he clamado a Ti: sé mi ayudador, no me dejes, ni me desprecies, oh Dios, Salvador mío. – Salmo: El Señor es mi luz, y mi salud: ¿a quién temeré? Gloria al Padre.

Los bienes prometidos a David como recompensa de sus combates, no eran más que una pálida imagen de los que aguardan en la patria a los vencedores del demonio, del mundo y de la carne. Reyes para siempre, gustarán, sentados en sus tronos, de la plenitud de las delicias, cuyas gotas deja caer aquí abajo el Esposo sobre las almas fieles. Amemos, pues, a quien recompensa de tal modo el amor; y como por nosotros mismos no podemos nada, pidamos por medio del Esposo al Autor de todo don excelente, la perfección de la caridad divina.

Colecta

Oh Dios, que has preparado bienes invisibles para los que Te aman: infunde en nuestros corazones el afecto de Tu amor; para que, amándote a Ti en todo y sobre todo, consigamos Tus promesas que superan todo anhelo.

Epístola

Lección de la Epístola del Apóstol San Pedro. (1, III, 8-15)

Carísimos: Estad todos unánimes en la oración, sed compasivos, amantes de la fraternidad, misericordiosos, modestos, humildes: no devolváis mal por mal, ni maldición por maldición; sino, al contrario, bendecid: porque a esto habéis sido llamados, a poseer como herencia la bendición. Por tanto, el que quiera amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua del mal, y no hablen engaño sus labios. Apártese del mal, y haga el bien: busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor miran a los justos, y Sus oídos escuchan sus preces: pero el rostro del Señor está sobre los que hacen mal. Y, ¿quién es el que os dañará, si fuereis emuladores del bien? Pero, aunque padeciereis algo por la justicia, bienaventurados de vosotros. Mas no los temáis a ellos, y no os conturbéis; antes santificad al Señor, a Cristo, en vuestros corazones.

Gradual

Mira, oh Dios, protector nuestro: y contempla a Tus siervos, Señor, Dios de los ejércitos, escucha las preces de Tus siervos. Aleluya, aleluya. Señor, en Tu fortaleza se alegrará el rey: y se gozará sobremanera en Tu salud. Aleluya.

Reflexión sobre la Epístola

Caridad fraterna. —La unión de una verdadera caridad, la concordia y la paz, que, como condición necesaria de su felicidad presente y futura, se debe mantener a toda costa: tal es el objeto de las recomendaciones dirigidas por Simón (ahora Pedro) a esas otras piedras elegidas que se apoyan en él, y forman las hiladas del templo levantado por el Hijo del Hombre a gloria del Altísimo.

Comprendamos la importancia que tiene para todos los cristianos la unión mutua, ese amor de hermanos, tan frecuentemente, tan vivamente recomendado por los Apóstoles, cooperadores del Espíritu Santo en la construcción de la Iglesia. No basta la extinción del cisma y de la herejía, cuyos excesos desastrosos recordaba el Evangelio hace ocho días, ni la represión de las pasiones de ira o de los celos agrios; es necesario un amor efectivo, obsequioso, perseverante, que junte verdaderamente y armonice como conviene, las almas y los corazones; es necesaria esta caridad desbordante y única digna de tal nombre, que, mostrándonos al mismo Dios en nuestros hermanos, hace verdaderamente nuestras sus dichas y sus desdichas. Lejos de nosotros la somnolencia egoísta en que se complace el alma perezosa, con la que tan frecuentemente las almas falsarias creen satisfacer tanto mejor a la primera de las virtudes, cuanto más se desinteresan por completo de lo que las rodea. En tales almas no puede prender la argamasa divina; piedras impropias para toda construcción, que rechaza el celeste albañil, o que deja sin empleo al pie de las murallas, porque no se adaptan al conjunto, ni sabrían disponerse. ¡Desgraciadas de ellas, sin embargo, si el edificio se acaba sin que hayan merecido ocupar un lugar en sus muros! Comprenderán entonces, aunque demasiado tarde, que la caridad es una; que no ama a Dios quien no ama a su hermano y que quien no ama, permanece en la muerte. Coloquemos, pues, con San Juan, la perfección de nuestro amor para con Dios, en el amor de nuestros hermanos; sólo entonces poseeremos a Dios en nosotros; sólo entonces podremos gozar de los inefables misterios de la unión divina con Aquel que se une a los Suyos, para hacer de todos y de El mismo un templo augusto a la gloria del Padre.

El Gradual, en conformidad con las ideas que inspira el Introito del día, pide la protección divina para el pueblo colocado bajo el cetro del ungido del Señor. El Verso anuncia la victoria de Cristo-Rey, y la salvación que trae a la tierra.

Evangelio

Continuación del santo Evangelio según San Mateo. (V, 20-24)

En aquel tiempo dijo Jesús a Sus discípulos: Si no abundare vuestra justicia más que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás: mas, el que matare, será reo de juicio. Pero Yo os digo que, todo el que se enojare con su hermano, será reo de Juicio. Y el que le llamare a su hermano raca, será reo de concilio. Y el que le llamare fatuo, será reo del infierno del fuego. Por tanto, si ofrecieres tu presente en el altar, y te recordares allí de que tu hermano tiene algo contra ti: deja tu presente allí, ante el altar, y vete antes a reconciliarte con tu hermano: y, volviendo después, ofrecerás tu presente.