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Liturgia para los domingos y las fiestas principales

Adveniat Regnum Tuum
25 y último domingo después de Pentecostés – Anuncio del fin de los tiempos

Reflexión sobre la Liturgia del día –de L’Année Liturgique, por Dom Prosper Guéranger

Introito

Dice el Señor: Yo pienso pensamientos de paz y no de aflicción: Me invocaréis, y Yo os escucharé: y os haré volver de vuestra cautividad en todos los lugares. – Salmo: Bendijiste, Señor, Tu tierra: redimiste la cautividad de Jacob. Gloria al Padre.

Colecta

Suplicámoste, Señor, excites la voluntad de Tus fieles: para que, buscando con más diligencia el fruto de buenas obras, reciban de Tu misericordia mayores remedios. Por Nuestro Señor Jesucristo.

Epístola

Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo a los Colosenses (I, 9-14).

Hermanos: No cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenados del conocimiento de la voluntad de Dios, con toda sabiduría y toda inteligencia espiritual: para que caminéis dignamente, agradando a Dios en todo: fructificando en toda clase de obras buenas y creciendo en la ciencia de Dios: confirmándoos en toda virtud según el poder de Su claridad, en toda paciencia y longanimidad, con gozo, dando gracias al Dios Padre, que nos hizo dignos de participar de la herencia de los Santos en la luz: que nos arrancó del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de Su amor, en el cual poseemos la redención, por Su sangre, la remisión de los pecados.

Gradual

Nos libraste, Señor, de los que nos afligían: y confundiste a los que nos odiaron. Nos gloriaremos en Dios todo el día, y alabaremos Tu nombre por los siglos. Aleluya, aleluya. Desde lo profundo clamo a Ti, Señor: Señor, escucha mi oración. Aleluya.

Evangelio

Continuación del santo Evangelio según San Mateo (XXIV, 15-34).

En aquel tiempo dijo Jesús a Sus discípulos: Cuando viereis la abominación de la desolación predicha por el Profeta Daniel caer sobre el templo: el que lea, que entienda: entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes: y el que esté en la terraza, no baje a tomar nada de su casa: y el que esté en el campo, no vuelva a tomar su túnica. Y ¡ay de las preñadas y de las que alimenten en aquellos días! Rogad, en cambio, para que vuestra fuga no sea en invierno, o en sábado. Porque habrá entonces una tribulación muy grande, como no ha existido ni existirá otra, desde el principio del mundo hasta hoy. Y, si no fuesen acortados aquellos días, no se salvaría nadie: pero, por amor de los elegidos, serán abreviados aquellos días. Si alguien os dijere entonces: Aquí o allí está el Cristo: no lo creáis. Porque surgirán seudocristos y seudoprofetas: y harán grandes milagros y prodigios, de tal modo que sean engañados (si fuese posible) los mismos elegidos. Ya os lo he predicho.

Si os dijeren, pues: Está en el desierto; no salgáis: Está escondido; no lo creáis. Porque, como el relámpago sale de Oriente y aparece al punto en Occidente, así será también la llegada del Hijo del hombre. Donde estuviere el cuerpo, allí se congregarán las águilas. Y, en seguida, después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no lucirá, y las estrellas caerán del cielo, y los pilares del cielo se tambalearán: y entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre: y entonces llorarán todas las tribus de la tierra: y verán al Hijo del hombre venir en las nubes del cielo con mucho poder y majestad. Y enviará Sus Angeles con trompeta y con gran voz: y congregarán a Sus elegidos de los cuatro vientos, desde lo más alto de los cielos hasta su extremo. Y aprended esta parábola de la higuera: cuando ya está tierna la rama, y han nacido las hojas, sabéis que está cerca el verano: así también vosotros, cuando viereis todas estas cosas, sabed que el Hijo del hombre está cerca, está a las puertas. En verdad os digo, que no pasará esta generación, hasta que se realice todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero Mis palabras no pasarán.

Reflexión sobre el Evangelio

Oh Jesús, Tú vendrás entonces a librar a Tu Iglesia y vengar a Dios de los insultos que tanto se han prolongado; ¡qué terrible será al pecador esa hora de Tu llegada! Entonces comprenderá claramente que el Señor hizo todo para él, todo hasta el impío ordenado a dar gloria a Su justicia en el día mal. Conjurado el universo para perdición de los malvados, se resarcirá por fin de la esclavitud del pecado que le fué impuesta. Los insensatos inútilmente gritarán a las montañas que los aplasten para librarse así de la mirada del que estará sentado en el trono: el abismo se negará a tragarlos; y obedeciendo al que tiene las llaves de la muerte y del infierno, vomitará hasta el último de sus tristes habitantes al pie del terrible tribunal.

El triunfo de Cristo. — Pero su gozo mayor consistirá sobre todo en asistir ese gran día a la exaltación de su amantísimo Capitán, cuando se haga público el poder que Le fue concedido sobre toda carne. Entonces aparecerás, oh Emmanuel, como el único príncipe de las naciones haciendo añicos la cabeza de los reyes y poniendo a Tus enemigos por escabel de Tus pies. Y entonces también juntos el cielo, la tierra y el infierno doblarán las rodillas delante del Hijo del Hombre, que vino antes en forma de esclavo, fue juzgado, condenado y muerto entre criminales; y juzgarás, oh Jesús, a los jueces inicuos a quienes anunciaste esta venida sobre las nubes del cielo cuando Te hallabas en lo más profundo de Tus humillaciones. Una vez terminada la tremenda sentencia los réprobos irán al suplicio eterno y los justos a la vida que no acaba. Tu Apóstol nos dice que entonces vencedor de todos Tus enemigos y rey indiscutible, pondrás en manos del Padre Eterno el reino conquistado a la muerte, como homenaje perfecto de la Cabeza y de los miembros. Dios será todo en todos. Será eso el cumplimiento de la oración sublime que nos enseñaste a los hombres y que sale más ferviente cada día del corazón de Tus fieles, cuando, dirigiéndose al Padre que está en los cielos, Le piden incansables, a pesar de la apostasía general, sea santificado Su Nombre, venga a nos el Su reino, y hágase Su voluntad así en la tierra como en el cielo. ¡Incomparable serenidad la de aquel día en que cesará la blasfemia y la tierra será un nuevo paraíso, purificada por el fuego del fango del pecado! ¿Qué cristiano no saltará de gozo esperando ese último día que dará comienzo a la eternidad? ¿Quién no tendrá en poco la agonía de la última hora, pensando que aquellos sufrimientos tan sólo significan, como dice el Evangelio, que el Hijo del Hombre está ya muy cerca, a la puerta?

¡Ven, Señor, Jesús! — Oh Jesús, despréndenos cada vez más de este mundo, cuya figura pasa con sus tareas inútiles, sus glorias falsificadas y sus falsos placeres.