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Una historia para cada día...

Sagrada Familia

Una página en blanco.

En el curso de una entrevista, uno de los interlocutores preguntó al otro, el erudito Buchenau, qué fe profesaba. «Ninguna, respondió el otro, en términos religiosos soy una página en blanco. – Cuidado, respondió el primero, no sea que el diablo ponga su nombre.» Estas valientes palabras causaron una profunda impresión en el incrédulo, que nunca las olvidó durante el resto de su vida. Cooperó con la gracia, prestando más atención a los asuntos religiosos, y comenzó a rezar de nuevo como su madre le había enseñado.

La fe es un don de Dios

Un famoso médico pronunció una vez una docta conferencia sobre el nerviosismo ante un numeroso público, que fue muy aplaudida por su claridad y por el talento del orador para la divulgación. Al final, uno de los oyentes se acercó y le dijo: «A pesar de sus explicaciones, doctor, no entiendo esta cuestión del nerviosismo». El médico contestó con una sonrisa: «En efecto, señor, puedo dar aclaraciones, pero no inteligencia: eso es cuestión de talento».

Lo mismo ocurre con las verdades religiosas. El predicador y el catequista pueden explicarlos, motivarlos, defenderlos; pero la fe en sí misma no pueden comunicarla a nadie, pues es un don gratuito de Dios: esta gracia puede obtenerse con un vivo deseo de la verdad, con una vida honesta y con la oración.

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