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¡Para la preservación del Depósito de la Fe!
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Una historia para cada día...

Sagrada Familia

Dios da la gracia de la fe al que vive piadosamente.

Eustaquio era un romano de gran nacimiento al que Trajano había puesto al frente de sus ejércitos por su talento y valor. Aunque todavía eran paganos, Eustaquio y su esposa fueron muy buenos con los pobres, y su caridad les valió la gracia de la fe de Dios. Un día, mientras Eustaquio cazaba en el bosque, se encontró de repente frente a un gran ciervo que llevaba una cruz luminosa entre sus cuernos. Al mismo tiempo se oyó una voz: «Eustaquio, tus limosnas y otras buenas obras han llegado hasta Mí, y las he aceptado con gusto». Eustaquio desmontó, se inclinó y dijo: «Señor, ¿quién eres? – Yo soy el Cristo», dijo la voz. «Acude al obispo de Roma y bautizate.» Eustaquio obedeció y se bautizó con su mujer y sus dos hijos. Más tarde, bajo Trajano, obtuvo notables victorias sobre los bárbaros, y el emperador Adriano, que sucedió a Trajano, fallecido entretanto, ordenó grandes fiestas con solemnes sacrificios. El propio emperador asistió y fue una gran sorpresa no ver al victorioso general allí. Eustaquio, que fue convocado por Adriano, confesó que era cristiano, y el emperador lo hizo encerrar a él y a su familia en un gran toro de bronce brillante, y estos valientes cristianos consumaron su martirio con esta tortura.

Dios nunca deja de iluminar al alma que practica el bien y busca sinceramente la verdad.

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