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Una historia para cada día...

Sagrada Familia

La prueba de la existencia de Dios en el bolsillo.

Balmes, el gran pensador español, a veces bromeaba diciendo que llevaba la prueba de la existencia de Dios en su chaleco. Era su reloj del que hablaba. Su broma contenía el siguiente razonamiento: Mi reloj con sus engranajes requiere un trabajador, un hábil relojero.

Con mayor razón se necesitaba una inteligencia infinita para la gran máquina de las estrellas que se mueve en el firmamento con tanta precisión.

El banco en el bosque.

Dos amigos, uno de los cuales era incrédulo, hicieron un día una excursión al bosque, y después de caminar un largo trecho, se sentaron en un banco a descansar. «Mira», dijo el amigo creyente a su compañero, «estas cuatro estacas clavadas en el suelo y la tabla clavada en ellas. ¿Pretenderás que este banco organizado para sentarse es de fabricación propia o que ha crecido como una seta? Evidentemente, era la obra de un artesano que con la disposición de las piezas quería alcanzar el objetivo concebido en su mente. Si una cosa tan simple presupone una mente, con mayor razón el cuerpo humano, ese maravilloso organismo, las plantas y los animales, requieren un Ser soberanamente sabio que los haya adaptado a su propósito.

De la armonía del cuerpo humano y de toda la naturaleza, debemos concluir que existe un Creador supremo.

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