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Notre Dame du Laus

Oraciones del Rosario (continuación)Padre nuestro, Ave María, Gloria al Padre; Oh Jesús mío...

El Padre Nuestro o la Oración Dominical, que el Hijo de Dios y Dios mismo sacó del seno del Padre, del centro de toda la verdad, es la oración más hermosa, más completa y más conmovedora que podemos rezar. Contiene todo lo que podemos pedir y desear. Si, al recitar esta sublime oración, no alteramos en nada su divino mérito; si pasa puramente por nuestros labios, habiendo llegado al trono de Dios, es escuchada favorablemente por el respeto debido a su Autor; su origen celestial es inmediatamente reconocido, y sólo los Ángeles pueden decir con qué avidez el amor del Padre concede la recomendación del Hijo.

El Ave María, que se llama Salutación Angélica, es la oración más hermosa que podemos ofrecer a María; Le recordamos Su grandeza, Sus virtudes, Sus perfecciones, Su poder en el cielo y en la tierra. Tan agradable para María como beneficiosa para Sus hijos, la Salutación Angélica es para ellos una preciosa fuente de gracias y bendiciones. Santa Isabel quedó llena del Espíritu Santo en cuanto María la saludó. La Santísima Virgen aplica las gracias de la Encarnación a quienes Le renuevan el recuerdo de este misterio y La congratulan por Su felicidad.

El Gloria Patri, con el que termina cada decena, es una oración que nos viene de los Apóstoles; la Iglesia hace que sus ministros la repitan más de cien veces cada día, y no se puede repetir demasiado, para dar en todo momento, si fuera posible, como haremos en la eternidad, Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Santa María Magdalena de Pazzi acompañaba siempre esta doxología con una ofrenda de sí misma a la Santísima Trinidad, y luego inclinaba la cabeza como si la presentara a la espada de los verdugos, para ser mártir de la fe cristiana. Cuando, en su vejez, San Alfonso María de Ligorio se enteraba de alguna noticia feliz para la gloria de Dios o el beneficio de la Iglesia, exclamaba con santa emoción: Gloria Patri et Filio, et Spiritui sancto.

La decena termina con la hermosa oración enseñada por la Virgen a los tres pastorcitos de Fátima, con la que pedimos perdón, misericordia y salvación para nosotros y para todos los pecadores. Oh, Jesús mío, perdonadnos nuestros pecados… La Santísima Virgen María especificó que se recitara después de cada decena.

(Padre Huguet)

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