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La Sagrada Familia en oración

El heroísmo de un pobre esclavo

Tom, un pobre esclavo, comprado en la costa de África, fue transportado a las Indias Occidentales. Allí abrazó el cristianismo y adoptó sus principios; y como, por su conducta regular, se había ganado la gracia de su amo, éste lo liberó, lo hizo su mayordomo y le confió importantes trabajos. Un día, el plantador quiso comprar unos veinte esclavos. Así que fue al mercado con su fiel Tom. Los desafortunados esclavos estaban expuestos a la venta, y le ordenó que eligiera a los que le parecieran adecuados para convertirse en buenos trabajadores. Para su asombro, Tom también le presentó a un anciano que había quedado caduco, junto con otros esclavos, y le pidió que lo comprara. El amo se negó, y el viejo esclavo no habría sido tomado si el comerciante no hubiera prometido entregarlo a condición de que se compraran otros veinte esclavos; su propuesta fue aceptada y el trato concluyó. Cuando llegaron a las plantaciones, Tom prodigó los más tiernos cuidados al anciano. Lo alojaba en su cabaña y lo alimentaba en su mesa; si tenía frío, Tom lo sacaba al sol; si se quejaba del calor, lo sentaba a la sombra de los cocoteros. En una palabra, hizo todo lo que un hijo devoto podría haber hecho por el mejor de los padres. El maestro se asombró de este extraordinario apego que Tom sentía por su subordinado y quiso saber la razón de ello. Un día le preguntó: «¿Es este tu padre? – No, maestro, no es mi padre. – ¿Es un hermano mayor que tú? – No, no es mi hermano. – ¿Es acaso tu tío u otro de tus parientes? Porque no es posible que te intereses tanto por un hombre que te es ajeno. – ¡No, maestro! No es mi pariente, ni siquiera es mi amigo. – ¿Explícame por qué estás tan lleno de consideración hacia él? – Es mi enemigo, respondió Tom. Me vendió a los blancos en la costa de África, pero no puedo odiarlo, porque el padre misionero me dijo: Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber…»

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