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Una historia para cada día...

Nuestra Señora del Purgatorio

Dios no Se deja vencer en la generosidad

Santa Gertrudis había dado todos los días de su vida en beneficio de las almas que sufren. Cuando estaba en su lecho de muerte, fue asaltada por las tentaciones del demonio, que intentaba persuadirla de que había liberado a tantas almas del purgatorio precisamente para ir a ocupar su lugar y sufrir más que ellas. Mientras estaba en las garras de estas tentaciones, vio a Nuestro Señor, su Esposo celestial, aparecer ante ella y decirle: «¿Cuál es, pues, oh Gertrudis, la causa de tu tristeza?» Responde: «Señor, me aflijo porque me veo a punto de morir, sin ningún capital de buenas obras que pueda satisfacer por tantas ofensas que he cometido.» Entonces el Señor, sonriendo suavemente sobre ella, la consuela. «Hija Mía Gertrudis -le dijo-, para que sepas cuán grata ha sido para Mí tu caridad hacia estas almas y tu devoción, te entrego en este mismo momento, sin excepción, todas las penas que te hubieran sido reservadas. Además, Yo que prometí el ciento por uno a los que están animados por Mi amor, quiero recompensaros de nuevo aumentando el grado de gloria que te espera allá arriba. Todas las almas que has aliviado vendrán por Mi orden y te presentarán en la Jerusalén celestial en medio de sus cánticos». La Santa expiró unos instantes después, llena de seguridad y alegría.

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